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Todas las mañanas, antes de salir a trabajar , me pego una revisada inservible en el espejo que está al un lado de la puerta. Es inservible porqué cualquier cosa que haya olvidado en ese momento, no será ni recordada ni incorporada. Lo hago y en el momento de hacerlo se repiten todos los días en los que vamos todos a trabajar. Tengo uniforme, así que todas las mañanas me cierro los botones de la misma camisa, sigo un mismo camino a la parada de autobuses y tomo el bus con la misma gente. Es muy macabro y parecido al día de la marmota, pero procuro tomármelo con gracia y no quejarme mucho (aunque a todos nos gusta quejarnos de estas cosas).
Mi oficina es un edificio de dos pisos y mi “departamento” se encuentra alejado de los otros, lo que nos da un carácter de Parias a la hora del almuerzo, nos sentamos los de “internacional” todos juntos sin mirar a los lados, sin pretender que nuestra conversación sea parte del ruido. En una película gringa seguramente en el momento de cambiar de puesto vendría una cheerleader a exigirnos que nos reubiquemos donde nos toca. Pero bueno no es tanto así, es el papel que asumimos, que asume la gente en general en las empresas. Yo por mi parte nunca había tenido un trabajo de cubículo, y por mi admiración, obvio, se nota.

Cuando uno empieza a incorporar en su vida las relaciones del Internet, se encuentra con la discusión del papel que asumimos, nuestro propio personaje, luego las cosas caen por su peso y te das cuenta que la descontextualización no se da porque no nos vemos las caras o no ponemos nuestro verdadero nombre. Sino por el tiempo y el contexto que nos compete, ¿acaso no te pasa lo mismo cuando tienes una pelea en el aeropuerto? Te aferras a lo peor de tu estereotipo, ese monstruo también eres vos. Algo parecido encuentro en el mundo laboral, en el de las grandes empresas. Existe una burocracia diseñada para delimitar un culpable en los errores y para esquivar lo más que uno pueda la culpa. Lo entiendo es la manera con que se puede manejar a tanta cantidad de gente, al menos eso repite todo el mundo; y debido a este juego, mucha gente, sobretodo los jefes, se separan en un espejo absurdo, y dibujan flamantes todo lo que hacen fuera de la oficina, como lo que les da sentido y los define. Si no son completamente honestos pues es lo que su trabajo requiere, que sean fuertes. Fuera “en el mundo real” ellos no son así. Estoy de acuerdo con que tienen que supervizar y no me incomoda tener que lidiar con alguien estricto (a muchos incluso nos gusta) porqué en la cadena de esquive y responsabilidades al final del día serían ellos los jodidos, pero no entiendo como uno puede separar lo que cree que está bien en el mundo real del mundo de la oficina, considerando que ahí pasan la mayor parte de su tiempo.

Me parece a mi que olvidan que el color gris de las paredes, el comedor sobrio, la computadora restringida del porno, y las cosas que traicionan de ellos son en vivo y en directo, son su decisión y que este mundo real se expande hasta esquinas insospechadas

Estaba viendo televisión y tuvo hambre, saltó del sofá y caminó a la cocina, abrió la puerta de los estantes blancos y al fondo de la repisa, atrás de los envases de vinagre y aceite rebuscó una funda y sacó un dulce envuelto en aluminio. Podrían haber sido alfajores pero en realidad eran dos galletas Maria bañadas de chocolate blanco y rellenas de chocolate negro. La recompensa, pensó. Estaba ocupado masticando el primer bocado y se puso a leer lo que decía el envoltorio, tenia la marca del producto por fuera y por dentro en letras cuadradas la palabra CELULAR, mas abajo las instrucciones. Usted es uno de los 1.500 ganadores de la promoción… las palabras cesaron no pudo seguir leyendo. Apareció de un solo bocado en un lugar donde los celulares se llamaban móviles. Tiene los dulces escondidos en el estante desde hace más de un mes, son un encargo que su madre le había hecho cuando su prima regreso de las vacaciones de verano. El celular es el espacio que la divide. El punto seguido en el que todos los verbos, por lógica inagotable, pasan de pasado perfecto a presente, el sigue masticando.

Tratamos de hacerlo bien de mirarnos, de ser lo mejor que podemos. Yo he matado la vaca, he seguido el consejo de un director técnico, un consejo que no era para mi ni siquiera.

El proceso de asesinato de la vaca puede tener muchos matices, por lo general uno primera se convierte en un maoista ontológico, y grita se pone histérico, tu estado de animo es la cara de una mujer maquillada, tus palabras son el rimel que se le chorrea por los ojos. La furia del tranquilo es la que más me gusta, mi propia furia me ha resultado divertida y dolorosa. Porqué cuando grito en la mitad de la sala, por un momento puedo verme desde afuera y emocionarme por estar golpeando a la mesa para hacer reales mis gritos, estoy lista para un golpe…para darlo o para recibirlo, para convertirme en lo peor que le ha sucedido a la vaca. Y mis amigos, los eternos amigos, tendrán que perdonarme, porqué es ahora cuando sirve todo lo que nos decimos desde la paz y el cariño fácil y cómodo de un sofá y de un televisor. Fuera de la analogía solo he visto matar una vaca una vez, en Manabí mi tio tenia una vaca muy “chucara” y matarla en el camal salía más caro que contratar los servicios de un experto (porqué hay gente que es experta en esto) y cortarla nosotros. Vino el perito, saco un machete y le hizo un solo corte, la vaca ni se quejo. Deben saber que las vacas están entre mis animales favoritos pero me los como sin piedad y pensaba que tenia que presenciar esto si quería ser coherente con lo que hacía. La parrillada fue larga, deliciosa, yo ayude con el chimichurri y cortamos carne toda la tarde. Contar esto me produce escalofríos.

Y ahora voy al peluquero le digo que me corte el pelo, me dice un retoque y yo le digo: no, córtemelo todo. Quisiera saber más, tener más pericia en estás cosas, poder levantarme una mañana y sacar un cuchillo gigante y matar a la vaca sin que se queje, pero no puedo y tendrá que disculparme mi amigo Vidal, necesito ayuda para hacerlo, la de mi gente mi forma de estar sola es saber que no lo estoy, una muletilla, una cojudez. Es cierto, escribirle cartas a la gente, llamarlos para que me digan que todo está bien que al final estarán ahí y caminar inagotablemente por Barcelona me es necesario, así como escuchar Arcade Fire. Me acuerdo la primera vez que me sentí así en mi vida, escuche un millón de veces canciones de guns and roses (jajajaja) ahora me acurruco en los canadienses y en sus instrumentos clásicos y a sonido un poco religioso que tienen. Y les pregunto, solo si quieren responderme, que es lo que escuchan cuando matan a la vaca.

tres minutos
En la última edición de Liberarte Gabriela Aleman hace una reseña sobre los 39 de 39 (esa movida de 39 escritores de 39 años de Latinoamérica) ahí hace mención Gabriela sobre la pregunta esa de que si uno debe matar a su abuelo. Ella por supuesto se muestra irreverente, de lejos esta pregunta suena bien cojuda, pero que tiré la piedra el que no se la ha hecho y el que no ha tenido la suerte de sobrepasarla.

La semana pasada fue el aniversario de la muerte de Cortázar, lo leí sin querer en el bus y pensé automáticamente en la pregunta del asesinato de los abuelos. Pero es que no sé como se mata a algo que ya está muerto, algo que empeñamos en recordar algo que aunque la mayoría de veces nos persigue también nos enfrenta, nos convierte en lectores, nos obliga a tener una opinión tan fuerte que nos levantemos en una mesa y hagamos una salida dramática para dejar claro que la cosa es seria.

Así que esta tarde por los abuelos, eso que no podemos matar, para el motivo que nos lo quita, por las babas del diablo, el primer cuento que pude llamar mío, curiosamente el que representa el momento en que la foto que vemos se transforma en la realidad y nosotros leyendo, en la ficción. La puerta del cuarto ya nunca más estará cerrada. Vamos a ganarle a la memoria y a que nunca nos conocimos, desde entender la importancia de los olores en el Gabo, y ese ritmo del Cortázar, culpable de reproducir el anhelo y la proliferación de miles de pseudos escritores hasta que reales escritores olviden nuestro vulgar plagio y nos digan que si, que tenemos una voz y que representamos a nuestra generación con honradez, cuando no somos más que idiotas saturados de las canciones de Charly Garcia y Bob Dylan.

Sino fuera por los abuelos no pudiéramos ni siquiera estar en un cuarto pequeño a todo volumen decidiendo largarnos para que después el despedido se consuele con la misma canción, eso si versión estudio. La redondez de los hechos, su perfección, dudo que ni siquiera la han inventado los abuelos, creo que nos ha sorprendido de golpe y nos ha obligado a mover el culo.

Comenzar siempre es difícil, este post para mister Izquierdo (ya que Sin imprenta ha estado tan abandonado no vamos a estar respetando las leyes del bloggero serio)

El exilio es gastarnos nuestros últimas
cuatro pesetas en un billete de metro para ir
a una entrevista por un empleo que después
no nos darán.
Cristina Peri Rossi
Barcelona 1976

No se ustedes pero yo por mi parte no me quejo, mi llegada , mis tardes sin un centavo, mi nosaberquehacer, ha sido todo Fantástico.

El día que se murió Wuacho rodriguez, salí corriendo de la oficina donde trabajo; En la acera me saqué el saco para ponerme un abrigo por debajo, esta operación requirió que me ponga en una posición extraña, sostener el saco y la cartera entre las piernas mientras usaba los brazos para ponerme el abrigo, ya estaba terminando cuando apareció Juan. Cuando empezó su camino nos dimos cuenta que los dos tomamos un camino parecido a casa, así que caminamos juntos. La conversación trajo a colación el asunto de los regalos y me dijo que le habían regalado un libro en Reyes; su cuñada, empezó así la oración pero se detuvo por un momento a elegir bien sus palabras, retomó su frase de nuevo: mi amiga que resulta que también es la novia de mi hermano, dijo cuidadosamente. Era la que le había regalado el libro y que el inmediatamente después de recibirlo miró la última página y leyó el final. Todo parecía indicar que tenía un punto al cual llegar, pero a mi ya me había dejado pensando en la audacia que se debe de tener para recibir un regalo y en ese mismo momento leer , sin una pizca de vergüenza, el final. No por lo absurdo del acto, sino por un principio que suelo olvidar y que convierte a toda la literatura en una empresa absurda, la libertad de nosotros los lectores. Esa tarde había muerto Wuacho Rodríguez y mientras yo caminaba a casa con Juan, mi padre iba aceleraba su carro blanco por la pista Guayas-Manabí para asistir al funeral de uno de sus mejores amigos de toda la vida. Yo sabía esto, porqué diez minutos antes de salir de la oficina mi madre me había llamado al celular y me lo había contado todo.
Cuando yo era pequeña mi padre tenía una discoteca que se llamaba Lips, el establecimiento estaba inspirado en la película “fiebre de sabado por la noche”, yo no tenía este referente presente, a mi lo que me maravillaba era ir de día, que era la hora en la que me estaba permitido ir, a pararme en medio de tantas luces apagadas. Wuacho estaba muy presente en nuestras vidas en esta época, era de esos hombres simpáticos y risueños de esos que le caen bien a los niños, encendía las luces para que mis hermanos y yo lo veamos. La discoteca era como en una especie de galpón y el salón del discjockey se ubican como en la vieja escuela: en posición omnipresente. Desde ahí, yo escuchaba la música sentada debajo de las consolas que controlaban los lps. No entiendo bien porqué mi padre y Wuacho dejaron de verse tan periódicamente, recuerdo una vez que fuimos a la playa y lo visitamos, tenia una casa con parrilla y mesa grande y esa vez nos cocinó los mejores chinchulines de la historia. Tuvieron un efecto tan fuerte en mi, que luego de eso me convertí en una yonqui nostálgica de los chinchulines de Wuacho y lo recordaba siempre que me llevaban a un nuevo establecimiento especializado en este plato.

Ya estamos en un semáforo y yo converso mirando a la calle, tengo esta mala costumbre, me demoro en empezar a ver a los ojos a la gente cuando habló, sobretodo cuando camino con alguien, pero es que es más cómodo ¿no?. Ya de pie, esperando la luz verde, me doy cuenta que no estoy de acuerdo en lo que acaba de decir Juan, dice que es una de sus teorías. Yo pienso que podríamos convertir nuestra conversación en un crimen cuidadosamente bordado, pero ya faltan pocas cuadras para que nos tengamos que separar. Mi compañero de camino se llama igual que mi padre y mi hermano, sino que mis juanes se llaman en realidad Juan José, nadie les dice solo Juan a ninguno de los dos y pienso que eso suena bien, que solo te llamen Juan. Eso sí, su tocayo de aquí Cataluña, camina en desventaja. No sabe que, estamos esa tarde también caminando con Wuacho, con mi padre en su carro acelerando para no llegar tarde al funeral de su amigo. No sabe que cuando me cuenta que ha leído el final del libro que le regalaron en reyes, me está obligando a llegar inmediatamente a mi casa, reimprimir mis cuentos sin corregir, ponerlos sobre la mesa y empezarlos de nuevo.

Mi madre es una de las personas que más quiero en el mundo. Siento lo que sentimos casi todos, me parece que mi corazón es un eterno programa de POLO Baquerizo, ese en el cual le regalaban electrodomésticos a las madrecitas pobres. Siento que mi alma es ese camión lleno de televisores. Mi cariño hacia mi madre es así de kitch y populista. Pero a diferencia de todas las cosas que me recuerdan al amor que siento por ella, creo que mi amor es lógico y completamente justificado. Yo amo a mi mamí y no solo eso sino que sé de buena fuente, que la gran mayoría de las cosas que tengo se las debo a ella. Es por eso que cuando la visito esquivamos rápidamente temas escabrosos, aunque mi madre y yo somos muy sinceras y tenemos clara la película de la otra. Pero corremos a prisa al otro lado, lo sabemos desde que mi mamá me llevaba a la “redonda” todo bien hasta que el Padre Paulino empezaba su verborrea homofóbica y mi mamá me miraba asustadísima pensando que yo iba a pedir la palabra y gritarle homofobico al viejo Paulino, que siempre ha sido medianamente viejo, al menos así vi la última vez que fui al frente de la iglesia a tomarme una cerveza en el restaurante de mi amiga Francesca.

La última vez que nos vimos, sin embargo, llegamos a un punto muerto. Le decía yo a mi mamá que el problema no es mirar si los homosexuales se pueden casar, sino el mero hecho de casarse. Se lo dijo a manera de chiste, para rayar a mi padre, para burlarnos como lo hacemos siempre del matrimonio sui generis, caótico y absurdo que tienen mis padres. (luego de escribir esta frase me doy cuenta que lo más seguro es que todos los matrimonios sean así). Esta vez, la cosa no quedo en risa y mi madre y yo batimos una discusión sin tregua toda la hora que nos toco esperar que mi padre le compre una llantas al carro y se las ponga. Ahí estábamos las dos encerradas en ese carro, imposible escapar, estábamos montadas y habíamos dicho las dos de la nada y sin pensar que ofenda a la otra exactamente eso que teníamos décadas, en este punto, evitando la una de la otra.

El aborto y el matrimonio homosexual, porqué el sexo antes del matrimonio es una batalla que mi mamá perdió cuando sus dos hijas pasamos la mayoría de edad. Entonces llegamos a ese punto del amor que a mí es el que más me gusta. Ese punto irremediable. Leí el otro día que para hacer una gran historia de amor hay que poner un buen obstáculo entre los personajes que se aman. Luego de leerlo, y confesar esto quizás me haga quedar como una tonta, lo pensé exhaustivamente. He estado intentando terminar un cuento de amor Ja si y mi abstinencia, mi cama pequeñita y mi pose de mujer independiente no se van a interponer en divertirme haciéndolo. Así que me pasaba camino al trabajo pensando lo real de está primicia, luego pensando en lo que decía el Bioy Caceres y el Borges en la antología de literatura fantástica, escribir es un asunto de descubrir leyes o fracasar. Claro pensé, esto no tenía yo presente en mi cuento y mi cuento está quedando muy soso. Pero ahora lo conecto con esa tarde con mi mamá, al final decidimos cada una pararnos en el extremo directo de la otra. Hacernos antípodas y luego irnos a comer una avena en el gourmet deli del Oro Verde. Pero no es solo una fotografía de lo irresoluto. Es real que el catolicismo ferviente de mi madre es parte de mi, no puedo evitar pensar que debo ser responsable con el mundo. La culpa o la responsabilidad y el intento de compasión, por lo menos me han hecho tener buenos amigos y eso es muchísimo, además cocinamos ella y yo de puta madre. También es cierto que ser duras con las costumbres de mi mamá, la valentía de mi hermana de contarle muchas cosas a mi madre no le gustaría escuchar. Así que nos paramos una al opuesto de la otra y vamos tirando. Nos hacemos expertas, eso sería imposible sin cariño. Ahora estoy segura, y eso es lo que le recomiendo a todo el mundo, un amor despiadado.

Espero que no me llamen para abrirme las maletas. Tengo, desde muy niña, un problema con los chapas. No depende de mí, me pongo respondona y alevosa. Este brote subversivo ya me ha costado retenciones preventivas y más problemas que reinvidicación de derechos civiles. Por eso espero que no me llamen, sigo sorprendida con la diferencia entre esta escena y la que me imaginé.

No pensé que la nostalgia traiga tanta paz, no pensé nunca estar hoy tan tranquila.

Tips para el viajero que no conoce la ley

Uno puede viajar con comida, no es un pecado ni un fallo. Mientras tenga registro sanitario nadie te puede meter miedo. Y si ya te van a joder, tienes que solicitar un inspector. Estarás un poco más jodido porque creo que todo lo que entra por equipaje tiene un solo impuesto y es un poco elevado. Pero esto es solo si traes muchas cosas repetidas, o si traes alguna maquinaria complicada.

Nunca seremos tan sospechosos como lo somos en un aeropuerto, pero que el miedo no nos deje ser cojudos. Esta es la nueva moda mundial, un signo de la postmodernidad si quieren: estar a punto de ser culpables en los aeropuertos.

Ecuador existe! Por un tiempo llegué a pensar que era producto de mi imaginación, espero que este choque de realidad no se me esfume tan rápido. Y que mis raíces tengan un poco más de fondo hasta por lo menos navidad. Espero no llorar cuando llegué porqué sería, por decir menos, un contratiempo.


In case you´re feeling lonely

beso

Así lo dice una experta del asunto, léanlo en las noticias, es un poco chistoso. Antes de leer estas noticias debo hacer el mea culpa de mi conversación cojuda con un catalán que se quejaba de la bulla que hacemos los sudamericanos. Me hablaba del espacio que hay que respetar. Bueno esas cosas de las que, es la verdad de lo que me ha servido ser errante, se discute en todos lados.

Hace unas semanas el norte de Esmeraldas fue tomado por una población entera que protesta por las medidas del gobierno ante el sembrío. La cosa es la mismo pero se toma de diferentes maneras. La coca una droga de volar tan sencillo termina siendo una cosa complicada, cuando lo que se juega aquí es lo macabros que podemos llegar a ser.

Así que la impavidez de la señora que hace el estudio y que anuncia sorprendida que al menos DIECIOCHO europeos (en una guerrilla de 17.000) son miembros de las FARC. Los engañan a los pobres, como que si fuera posible creer que esto no es una guerra. Esa ceguera por el dolor (que nunca es ajeno) es la misma que he visto en el Ecuador desde hace años; de cómo se ha enfrentado la ocupación de los colombianos en San Lorenzo es solo una pequeña prueba de nuestra impavidez ante una cosa de la cual somos parte desde mucho antes de lo que quisimos. EL catalán que se quejo de la bulla, dice estar en contra de la migración como la vemos ahora, el creé que el mundo perfecto es el mundo en el cual uno se puede ir a las montañas porque le dio la puta gana y no por nada más. Yo me acordé al momento de esa escena que tiene el documental Problemas Personales, sale un señor ahí hablando de que la gente se viene por muchas razones, dice el que la mayor es porque tiene muchos problemas personales. Comprenderán que este recuerdo solo me puso acida con el pobre catalán. Yo iría más lejos, todos los problemas son personales, y la migración no debería existir porque no están metiendo hasta por el culo que las fronteras no existen cuando un extranjero sabe que lo primero que tiene que hacer para sobrevivir en cualquier lugar (incluso en el propio) es marcarse un territorio. No debería existir porque no debería existir nada que cruzar y de esa manera cuando le comento a alguien del volumen en el que se escucha la música en los buses de mi hogar natal no tendría yo que hablar de mil huevadas que no vienen al caso, como fronteras y terceros mundos. Pero no! hay 18 europeos en las FARC (al menos), el plan Colombia es de los Colombianos, aunque nosotros seamos la puerta delantera de la intervención, aunque compartamos el mismo aire. Tenemos el descaro de comportarnos como la socióloga que declaro asustada y horrorizada el caso de una holandesa cansada de la vida de guerrillera (porque ya saben esa es la vida que hasta los guerrilleros han elegido, por el che Guevara por su puesto * que el asterisco sea una señal de mi ironía innecesariamente aclarada) tenemos el morro de ser igual de idiotas. Que cojudez , a mi me dio ganas de abofetear a la señora, no con odio, sino de esas bofetadas indispensables en la pubertad, una bofetada dulce, pero se la daba eh? Es que andar viajando a América nomás para contar de lejos los colorados de un tumulto.

Mucha mierda, a mi esto siempre me ha cabreado.

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